Radio Encubierta.
Estrenada en 2009, su recorrido se puede basar en dos direcciones complementarias. De un lado, la Inglaterra de los 60 en donde las radios piratas tratan de socavar el puritanismo de las radios oficiales, como la BBC, y de los políticos (un genial, como siempre, Kenneth Branagh), de la época. De otro, la trayectoria vital en el filme de un adolescente, que tras haber sido expulsado del colegio, entre otras cosas, por haber fumado sustancias extrañas, es enviado por su madre (Emma Thompson) al lado de su padrino, personaje interpretado por Bill Nighy. Éste, comandando un barco pesquero en las aguas del Mar del Norte, dirige una emisora pirata, formada por una heterogénea, ecléctica, inverosímil troupe de pinchadiscos (desde Philip Seymour Hoffman a Chris O’Dowd y Catherine Parkinson).
Estos dos últimos, Chris O’Dowd y Catherine Parkinson, protagonizan una serie británica de gran éxito (The It Crowd, en España, Los Informáticos). Para aquellos de vosotros que tengáis Internet y sepáis inglés, os la recomiendo encarecidamente (sobre todo, en versión original, dado que con el doblaje se pierde el 80% de su humor).
Volviendo con Radio Encubierta (The Boat That Rocked), además de un elenco estupendo (nada menos que Hoffman o Thompson), no podía faltar Kenneth Branagh que protagoniza al estirado y temible ministro Dormandy que quiere acabar con la recua de drogadictos y fornicadores que pululan en sus aguas y que, por el contrario, representan un soplo de aire fresco en las opresivas, rancias y reprimidas tierras anglosajonas de los años 60.
El director y también guionista Richard Curtis desaprovecha, en mi opinión, una oportunidad estupenda de recrear el ambiente de la época y el resultado general de la película flojea un poco en dos cuestiones imprescindibles.
La primera, la duración de la misma: no deja de ser una comedia de situación, con parodias y guiños de típico humor británico. De ahí a que dure casi 130 minutos hay un abismo, y con 90’ hubiese quedado redonda. Tantos minutos intentando dar protagonismo a un - tan numeroso- elenco coral hace que al final la peli pierda un poco de fuelle.
La segunda, la banalidad de sus 30 últimos minutos: la aparición en tromba de múltiples artefactos marinos para salvar a nuestros héroes de un trágico final se inspira de las infames películas norteamericanas de Coca Cola y palomitas que, lo que nos faltaba, sólo nos falta aplaudir como bobos como cuando Superman acaba salvando a la Tierra, o como cuando el Séptimo de Caballería acaba con los crueles Sioux y arranca a la bella dama de sus garras.
Pero no todo son defectos, ¡ni mucho menos!: el humor, a veces demasiado amable y optimista, alcanza cotas sobresalientes; la Banda Sonora Original es de aúpa: Kinks, Stones, Hendrix, Beach Boys, Who… ; en los créditos finales, para hacer resaltar aún más si cabe la calidad de la música que mamamos, aparecen las portadas de célebres vinilos de todos los tiempos: entre otros muchos, So de Peter Gabriel, Nevermind de Nirvana, Get a Grip de Aerosmith, Police, Elton John, Kraftwerk, Stooges, Van Morrison, Lou Reed, Smiths, Beatles, King Crimson, Springsteen, Phil Collins, etc.
Como curiosidad, una de las secuencias más aterradoras que contiene la película se produce, casi al final de la misma, cuando uno de los protagonistas (no voy a decir quién es, para no desvelaros una de las tramas que contiene), lucha denodadamente contra los elementos para salvar, si puede, uno de los vinilos que posee. Da pavor ver como se pierden joyas del rock de todas las épocas y ¡tener que decidir entre todos ellos cuál salvar! Da escalofríos.
En definitiva, sex, drugs and rock and roll y muchas risas.
Estrenada en 2009, su recorrido se puede basar en dos direcciones complementarias. De un lado, la Inglaterra de los 60 en donde las radios piratas tratan de socavar el puritanismo de las radios oficiales, como la BBC, y de los políticos (un genial, como siempre, Kenneth Branagh), de la época. De otro, la trayectoria vital en el filme de un adolescente, que tras haber sido expulsado del colegio, entre otras cosas, por haber fumado sustancias extrañas, es enviado por su madre (Emma Thompson) al lado de su padrino, personaje interpretado por Bill Nighy. Éste, comandando un barco pesquero en las aguas del Mar del Norte, dirige una emisora pirata, formada por una heterogénea, ecléctica, inverosímil troupe de pinchadiscos (desde Philip Seymour Hoffman a Chris O’Dowd y Catherine Parkinson).
Estos dos últimos, Chris O’Dowd y Catherine Parkinson, protagonizan una serie británica de gran éxito (The It Crowd, en España, Los Informáticos). Para aquellos de vosotros que tengáis Internet y sepáis inglés, os la recomiendo encarecidamente (sobre todo, en versión original, dado que con el doblaje se pierde el 80% de su humor).
Volviendo con Radio Encubierta (The Boat That Rocked), además de un elenco estupendo (nada menos que Hoffman o Thompson), no podía faltar Kenneth Branagh que protagoniza al estirado y temible ministro Dormandy que quiere acabar con la recua de drogadictos y fornicadores que pululan en sus aguas y que, por el contrario, representan un soplo de aire fresco en las opresivas, rancias y reprimidas tierras anglosajonas de los años 60.
El director y también guionista Richard Curtis desaprovecha, en mi opinión, una oportunidad estupenda de recrear el ambiente de la época y el resultado general de la película flojea un poco en dos cuestiones imprescindibles.
La primera, la duración de la misma: no deja de ser una comedia de situación, con parodias y guiños de típico humor británico. De ahí a que dure casi 130 minutos hay un abismo, y con 90’ hubiese quedado redonda. Tantos minutos intentando dar protagonismo a un - tan numeroso- elenco coral hace que al final la peli pierda un poco de fuelle.
La segunda, la banalidad de sus 30 últimos minutos: la aparición en tromba de múltiples artefactos marinos para salvar a nuestros héroes de un trágico final se inspira de las infames películas norteamericanas de Coca Cola y palomitas que, lo que nos faltaba, sólo nos falta aplaudir como bobos como cuando Superman acaba salvando a la Tierra, o como cuando el Séptimo de Caballería acaba con los crueles Sioux y arranca a la bella dama de sus garras.
Pero no todo son defectos, ¡ni mucho menos!: el humor, a veces demasiado amable y optimista, alcanza cotas sobresalientes; la Banda Sonora Original es de aúpa: Kinks, Stones, Hendrix, Beach Boys, Who… ; en los créditos finales, para hacer resaltar aún más si cabe la calidad de la música que mamamos, aparecen las portadas de célebres vinilos de todos los tiempos: entre otros muchos, So de Peter Gabriel, Nevermind de Nirvana, Get a Grip de Aerosmith, Police, Elton John, Kraftwerk, Stooges, Van Morrison, Lou Reed, Smiths, Beatles, King Crimson, Springsteen, Phil Collins, etc.
Como curiosidad, una de las secuencias más aterradoras que contiene la película se produce, casi al final de la misma, cuando uno de los protagonistas (no voy a decir quién es, para no desvelaros una de las tramas que contiene), lucha denodadamente contra los elementos para salvar, si puede, uno de los vinilos que posee. Da pavor ver como se pierden joyas del rock de todas las épocas y ¡tener que decidir entre todos ellos cuál salvar! Da escalofríos.
En definitiva, sex, drugs and rock and roll y muchas risas.
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