Para William Butler Yeats, una epifanía es ‘a sudden spiritual manifestation’, esto es, una ‘repentina revelación espiritual’. Quiere ello decir que, en un momento determinado, aquello que durante tiempo estás buscando, consciente o inconscientemente, se presenta ante ti de manera inesperada, dejándote boquiabierto, sorprendido, de un despertar no anunciado con anterioridad. Para mí, la epifanía purpeliana la sitúo en Vigo, un lejano ya 19 de septiembre de 1998.
Nadie quería (o podía) acercarse por el campo de fútbol de As Travesas para asistir al concierto de Deep Purple que habría de celebrarse esa tarde-noche, de no ser por mi amigo Alberto. Los dos, preparados para asistir a un concierto de tal magnitud en nuestra tierra (él ya tuvo ocasión de asistir a otros magnos eventos pero fuera de la ciudad), nos dispusimos a pasar unas horas previas de cerveza y rock and roll en un garito cercano. Fue allí donde me encontré por primera vez con un fanzine, catálogo purpeliano, revista o como queráis llamarlo: tenía en mis manos el número 11 de la revista Hush.
Después de leerla durante un rato, esperé la ocasión de esconderla bajo la chupa vaquera... Del concierto celebrado en Vigo ya se ha hablado de sobra, en los números posteriores de la misma. Es por ello que me centraré en lo que sigue:
No llegaba el momento de volver a casa para releer nuevamente este compendio de artículos de Deep Purple y familia, sobre todo teniendo tan fresco, en la retina y en la memoria, una experiencia rockera de tan magna solemnidad como la que habíamos vivido previamente.
No fue esa noche la primera vez que había oído hablar de Gillan, Glover y compañía. Muchos años antes, unos cassettes del hermano mayor de otro amigo (Juan Carlos), me pusieron sobre la pista: eran unas recopilaciones que, imagino, habría hecho para su disfrute, entre las que (recuerdo) estaban (entre otrros) Ted Nugent, Black Sabbath y ocupando casi por completo la cara B de una de estas cintas, el Space Truckin del Made In Japan.
Tenía que comprar ipso facto el concierto de estos talentos. ¡Ya!. Inmediatamente... por lo que le propuse a mi padre dar un paseo... con la intención de meterlo en el Corte y... ¡hostia puta! Ahí está. Papá.... Rasca la cartera, ‘enrrollao’. Etc. El resto ya es historia.
Naturalmente que esos tiempos fueron el inicio de una adicción al rockerío que persiste hoy en día. Claro que antes del 19 dichoso, ya habían pasado por mis manos muchos otros álbumes de Purple, Rainbow, Whitesnake, etc., pero en esas fechas yo pasaba por una etapa un tanto rocambolesca: mientras mis amigos, como Alberto o Miguel Leppard pasaban las horas con Gary Moore, Thin Lizzy, Def Leppard y otros, a mi me dio por la caña: no dejaba de escuchar una y otra vez todo lo procedente de Alemania (Kreator, Destruction, los primeros Helloween, Sodom), de USA (Anthrax, Metallica, S.O.D.)... Bueno, ya podéis ir haciéndoos una idea.
Desde ese 19 de septiembre, y pese a que todavía aún hoy en día los sigo escuchando, Venom, Slayer, Overkill, Death Angel, Sepultura... descendieron de categoría: se quedaron en la Segunda Divisón de mis escuchas metaleras y, por el contrario, subieron a la primera división nuestros amigos y toda su vasta familia, amén de todos aquellos que, sobre todo en los ochenta, hicieron las delicias de nuestros oídos.
Esto en cuanto a los Purple. En cuanto a la revista... ¡Allá vamos!
Después de leer y leer ese numero 11 de Hush, me puse sobre la pista de una peluquería que tenía un extraño nombre en letras góticas: Blackmore, y que, para más inri, ¡estaba a 100 metros de mi casa! Pues allí me veis a mí, entrando en una peluquería de señoras y gritando: ¡¡¡Hay alguien aquí que tenga alguna relación con el rock, Purple, Hush... ¡!! Creo que alguna de aquellas señoras debió de quedar alucinada, al verme entrar de aquella guisa. Gracias que una de las chicas que allí trabajaba, contestó. ¡¡¡ Quiero comprar ya todos los números de esta revista ¡!!
Después del shock inicial, se prestó gustosamente a facilitármelas, pero tendría que hablar previamente con un tal ¡Carlos!
Una semana después ya las tenía en mi poder y tras atar una serie de cabos sueltos (Carlos, la calle Doctor Cadaval, Elepé...), unos días mas tarde me presenté el trabajo de Carlos, sin conocerlo de nada, y desde entonces persiste una gran (y rockera) amistad que va para el undécimo aniversario: ¡¡Felicidades!!
Nadie quería (o podía) acercarse por el campo de fútbol de As Travesas para asistir al concierto de Deep Purple que habría de celebrarse esa tarde-noche, de no ser por mi amigo Alberto. Los dos, preparados para asistir a un concierto de tal magnitud en nuestra tierra (él ya tuvo ocasión de asistir a otros magnos eventos pero fuera de la ciudad), nos dispusimos a pasar unas horas previas de cerveza y rock and roll en un garito cercano. Fue allí donde me encontré por primera vez con un fanzine, catálogo purpeliano, revista o como queráis llamarlo: tenía en mis manos el número 11 de la revista Hush.
Después de leerla durante un rato, esperé la ocasión de esconderla bajo la chupa vaquera... Del concierto celebrado en Vigo ya se ha hablado de sobra, en los números posteriores de la misma. Es por ello que me centraré en lo que sigue:
No llegaba el momento de volver a casa para releer nuevamente este compendio de artículos de Deep Purple y familia, sobre todo teniendo tan fresco, en la retina y en la memoria, una experiencia rockera de tan magna solemnidad como la que habíamos vivido previamente.
No fue esa noche la primera vez que había oído hablar de Gillan, Glover y compañía. Muchos años antes, unos cassettes del hermano mayor de otro amigo (Juan Carlos), me pusieron sobre la pista: eran unas recopilaciones que, imagino, habría hecho para su disfrute, entre las que (recuerdo) estaban (entre otrros) Ted Nugent, Black Sabbath y ocupando casi por completo la cara B de una de estas cintas, el Space Truckin del Made In Japan.
Tenía que comprar ipso facto el concierto de estos talentos. ¡Ya!. Inmediatamente... por lo que le propuse a mi padre dar un paseo... con la intención de meterlo en el Corte y... ¡hostia puta! Ahí está. Papá.... Rasca la cartera, ‘enrrollao’. Etc. El resto ya es historia.
Naturalmente que esos tiempos fueron el inicio de una adicción al rockerío que persiste hoy en día. Claro que antes del 19 dichoso, ya habían pasado por mis manos muchos otros álbumes de Purple, Rainbow, Whitesnake, etc., pero en esas fechas yo pasaba por una etapa un tanto rocambolesca: mientras mis amigos, como Alberto o Miguel Leppard pasaban las horas con Gary Moore, Thin Lizzy, Def Leppard y otros, a mi me dio por la caña: no dejaba de escuchar una y otra vez todo lo procedente de Alemania (Kreator, Destruction, los primeros Helloween, Sodom), de USA (Anthrax, Metallica, S.O.D.)... Bueno, ya podéis ir haciéndoos una idea.
Desde ese 19 de septiembre, y pese a que todavía aún hoy en día los sigo escuchando, Venom, Slayer, Overkill, Death Angel, Sepultura... descendieron de categoría: se quedaron en la Segunda Divisón de mis escuchas metaleras y, por el contrario, subieron a la primera división nuestros amigos y toda su vasta familia, amén de todos aquellos que, sobre todo en los ochenta, hicieron las delicias de nuestros oídos.
Esto en cuanto a los Purple. En cuanto a la revista... ¡Allá vamos!
Después de leer y leer ese numero 11 de Hush, me puse sobre la pista de una peluquería que tenía un extraño nombre en letras góticas: Blackmore, y que, para más inri, ¡estaba a 100 metros de mi casa! Pues allí me veis a mí, entrando en una peluquería de señoras y gritando: ¡¡¡Hay alguien aquí que tenga alguna relación con el rock, Purple, Hush... ¡!! Creo que alguna de aquellas señoras debió de quedar alucinada, al verme entrar de aquella guisa. Gracias que una de las chicas que allí trabajaba, contestó. ¡¡¡ Quiero comprar ya todos los números de esta revista ¡!!
Después del shock inicial, se prestó gustosamente a facilitármelas, pero tendría que hablar previamente con un tal ¡Carlos!
Una semana después ya las tenía en mi poder y tras atar una serie de cabos sueltos (Carlos, la calle Doctor Cadaval, Elepé...), unos días mas tarde me presenté el trabajo de Carlos, sin conocerlo de nada, y desde entonces persiste una gran (y rockera) amistad que va para el undécimo aniversario: ¡¡Felicidades!!
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